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Contaminación del aire y cáncer de pulmón

Hace casi cuarenta años que empezó a pensarse en la posibilidad de que la contaminación del aire desempeñara un papel en el desarrollo del cáncer del pulmón. Los trabajos clásicos de Ernest L. Kennaway y de sus colaboradores de Londres permitieron aislar, a partir del alquitrán de hulla, sustancias capaces de producir tumores después de aplicadas a la piel de un ratón. Como consecuencia, se estimó muy probable que esas sustancias existieran en la atmósfera urbana contaminada por el humo del carbón.

El índice de mortalidad por causa de cáncer del pulmón era superior al promedio general entre los hombres que trabajaban en industrias donde se destilaba carbón. En Gran Bretaña, Estados Unidos y numerosos países de Europa, las defunciones atribuidas a esta enfermedad entre la población fue aumentando de año en año.

Al principio se creyó que el perfeccionamiento de los métodos de diagnóstico y la extensión de su empleo en los países referidos explicaban en gran parte el aumento observado de los casos de cáncer del pulmón. Sin embargo, cuando en 1939 la segunda guerra mundial interrumpió el estudio regular de las tendencias de la mortalidad, era ya evidente que la frecuencia de la enfermedad había aumentado realmente.

Investigaciones sobre cáncer de pulmón

En Inglaterra y el país de Gales, el doctor Percy Stocks observó que existían diferencias considerables entre las distintas ciudades en lo relativo a la mortalidad por causa de cáncer del pulmón. Asimismo, descubrió una tendencia general en virtud de la cual el índice de mortalidad era mayor en Londres y en las grandes ciudades industriales, disminuyendo gradualmente según el tamaño de la ciudad hasta alcanzar las cifras más balas en las zonas rurales.

cáncer de pulmón

Aunque la existencia de servicios de hospital desempeñaba seguramente un papel, todas estas observaciones relativas a la acción cancerígena comprobada de productos procedentes de la destilación o de la combustión incompleta del carbón indujeron a los investigadores a pensar que la contaminación atmosférica podía guardar relación con el aumento de los casos de cáncer del pulmón.

Al mismo tiempo, varios investigadores obtenían «alquitranes» cancerígenos mediante la destilación del tabaco. Así, cuando después de la guerra se empezaron a hacer planes para proseguir el estudio de los fenómenos que originaban el aumento de los casos de cáncer del pulmón, se consideraron entre las causas posibles tanto el hábito de fumar como la contaminación del aire. En Gran Bretaña y los Estados Unidos se emprendieron entre los pacientes hospitalizados con cáncer del pulmón varios estudios epidemiológicos gracias a los cuales pudo demostrarse claramente en 1950 la relación existente entre el hábito de fumar cigarrillos y el cáncer del pulmón.

Simultáneamente se estudiaba la existencia de sustancias cancerígenas en la atmósfera urbana. Pudo así comprobarse que uno de los componentes ya aislados a partir del alquitrán de hulla, una variedad del benzopireno, existía en proporciones elevadas en el aire de las ciudades británicas. Su cantidad variaba generalmente según el tamaño de la ciudad. En cuanto a su fuente principal, parecía ser el carbón quemado para usos domésticos, si bien se encontraron también cantidades muy pequeñas en los gases de escape de los vehículos de motor.

El cáncer de pulmón y el hábito de fumar

Numerosos rasgos de las tendencias que adoptaba la mortalidad podían explicarse por la relación descubierta entre este tipo de cáncer y el hábito de fumar. Eran los cigarrillos más bien que la pipa o los cigarros puros los que acrecentaban el riesgo de contraer un cáncer pulmonar, y aunque en numerosos países el consumo de tabaco no había variado de manera sensible, se había producido un cambio importante, ya que durante la primera mitad del siglo un gran número de fumadores habían abandonado la pipa por el cigarrillo.

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